PRIMER ENCUENTRO DEL CICLO INFANCIAS Y PSICOANALISIS

Con una gran concurrencia de colegas, dimos inicio al Ciclo INFANCIAS Y PSICOANALISIS, un espacio de intercambio y de construcción.  Un tiempo para pensar y repreguntarse sobre aquellas cosas con las que nos encontramos todos los días y que parecen obvias pero que no lo son tanto.

¿Por qué infancias y psicoanálisis?

Hoy transcurrimos en una época donde hay un evidente empuje a diagnosticar las infancias.  Toda conducta desajustada parece digna de culminar en un diagnóstico y por ende en un tratamiento medicamentoso, al que se suman una batería sin fin de terapias.

Hoy nos encontramos en una época cuyo ritmo acelerado produce una proliferación de etiquetas diagnósticas que buscan normalizar a los niños, normativizar aquello que no encaja.  Muchos dirán que se debe a la caída de la figura de autoridad, a la abolición de los ideales, a que los padres de estos tiempos no pueden ubicarse en sus roles y funciones…etc.  Quizás algunos casos se ubiquen dentro de estas coordenadas, no nos cerramos a las posibilidades de que esto pase, sin embargo damos un paso más, nos posicionamos de una manera radical para plantear las problemáticas de la infancia.  Así es, porque la infancia, implica para todos, un problema, o mejor dicho un interrogante, y esto no es de ahora.  La infancia nos hace pregunta desde siempre, pues la infancia es el tiempo de la pregunta. Podríamos decir que lo infantil es un modo de preguntar-se, un modo de ubicarse respecto de un deseo.  Si bien la palabra Infans, en su etimología, quiere decir “el que no habla”, (palabra compuesta por el prefijo in-, de negación, y por el participio presente del verbo fāri: «hablar».) sostenemos que por más que un niño no hable, dice.  Dice en sus juegos, en sus dibujos, en sus actitudes, en sus gestos.  Y dice de su posición frente a un deseo.  Entonces, por un lado la infancia marca una relación particular al lenguaje, una relación a los Otros primordiales, padres/parientes, en sus roles y funciones; pero también indica un posicionamiento respecto de un deseo. El deseo del niño, cuyo equivoco fundantes nos permite hacer por lo menos dos lecturas: el deseo propio del niño y el deseo por el niño, que señala nuevamente la posición de sus padres, sus deseos, sus goces, en fin, su historia junto al azar.  Es allí donde se establecerán las coordenadas, de lo que trabajamos con la Dra. Untoiglich sobre la constitución subjetiva y sus avatares.

Allí donde el niño dice, hay un saber en estado naciente, un saber de relación, un saber de Historia.  Lacan sostenía que la transmisión entre generaciones es algo irreductible, inevitable.  Que si bien somos producto de la relación intergeneracional, también influye el azar, y en especial nuestros Otros primordiales, y es allí donde el psicoanálisis puede decir algo más.  No a modo de respuesta de ese tiempo de pregunta que es la infancia.  Sino a modo de re-pregunta, una pregunta al cuadrado.  Pienso las infancias y el psicoanálisis como una relación dialéctica entre dos significantes, que nos permite relanzar cada vez nuestros deseos, en búsqueda de ese saber en estado naciente.  Un saber nunca acabado y mucho menos absoluto, que rescata eso infantil como una posición en el deseo, como un modo de ubicarse en relación a otros, para trabajar sobre lo que allí se padece.  Las infancias no son hándicaps a educar, a normativizar, sino más bien un modo de decir, con una lógica propia, que cultiva nuestro saber.  Ya decía Lacan: “Sin, duda el psicoanálisis con niños es la frontera donde se ofrece al análisis lo más desconocido por conquistar.”

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